Entrevista a Sandra Pedraz Decker

Sandra es de la generación del 85. Es una persona muy creativa, emprendedora y alegre. Los que la conocen afirman que tiene un gran corazón y siempre te brinda palabras alegres. Desde pequeña estuvo ligada al Liceo Sorolla y ahora imparte clases de alemán en el colegio.

¿Qué hiciste cuando te graduaste del colegio?

Poco después me matriculé en Administración y Dirección de Empresas, pero pronto me di cuenta de que aquello no era lo que realmente me interesaba. En cuanto pude, me matriculé en Filología Alemana, y nunca me he arrepentido de mi decisión.

¿Qué profesor recuerdas con más cariño? ¿Por qué?

No podría quedarme con uno solo. Entre otros, recuerdo a la Señorita María Jesús, que me enseñó a leer y escribir (uno de los acontecimientos más importantes de mi vida); a Don Marcelino, que me enseñó a redactar y me contagió su aversión al Typex; al Señor Molina, que me descubrió a muchos de los grandes escritores españoles y tenía una forma muy elegante de ponerte un cero si no conocías sus obras (“Voy a redondearte la nota”… ¿Os suena?); al Señor Sacristán, cuyos conocimientos parecían infinitos; a la Señorita Conchita, gracias a la cual aprendí el inglés en profundidad; al Señor Salmones, que hizo que las matemáticas le parecieran sencillas a alguien que, definitivamente, es de letras… Después de tantos años en el colegio, hay muchos más, por supuesto, y desde aquí les mando todo mi cariño.

¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado en tu vida y cómo lo superaste?

Creo que la vida es reto constante y que hay que esforzarse cada día en mejorar, asumir los errores cometidos y no caer en la tentación de acomodarse y dejarse llevar.

Dinos algo que aprendiste en el Liceo Sorolla y que te acompañó desde entonces

Recuerdo muchas cosas pero, por concretar, voy a elegir una frase que nos dijo el Señor Salmones cuando estábamos a punto de terminar 2º de Bachillerato y estábamos todos (o casi todos) muertos de miedo y muy inseguros ante lo que nos tocaría vivir a partir de entonces. Nos dijo algo así: “Da igual la profesión que escojáis, lo importante es que os esforcéis en ser los mejores. Si decidís ser barrenderos, tenéis que ser el mejor barrendero de España; si preferís ser ladrones, tenéis que ser Al Capone”. A mí me ha servido de mucho aquel consejo.

¿Cuál es tu mejor recuerdo del Liceo Sorolla?

Imposible seleccionar “el mejor”. Recuerdo las risas en el recreo, las charlas en el comedor, la emoción al aprobar los exámenes, las amistades que se van forjando, el cariño hacia los profesores que, prácticamente, te han visto crecer… Quizá me quedaría con el recuerdo de mi primer día de colegio (con 6 años y asustada) y el último (con 17 años y asustada), por la sensación de haber concluido un ciclo con éxito. Un éxito compartido, por supuesto, ya que el mérito no fue sólo mío.

¿Qué profesión desempeñas actualmente?

Soy profesora de alemán en diferentes centros educativos. Entre ellos, en el Liceo Sorolla.

Cuéntanos un poco sobre tu trayectoria profesional

Comencé impartiendo clases extraescolares de alemán en el Instituto Gerardo Diego, de Pozuelo de Alarcón, cuando todavía no había terminado la carrera. Poco a poco, fui aumentando el número de clases, tanto allí como en otros centros, y actualmente trabajo en el Liceo Sorolla, donde me he sentido muy arropada en todo momento, y, todo hay que decirlo, me ha hecho mucha ilusión volver.

¿Cuáles crees que son los retos de la educación para los próximos años?

Bajo mi punto de vista, uno de los mayores retos es que los alumnos comprendan realmente el valor de la educación y la cultura, en una sociedad en la que se da tanta importancia a lo superficial, a las apariencias y a los bienes materiales.

¿Cuáles son las tres habilidades que más demandan las empresas hoy en día?

Que tengas capacidad de compromiso

Que seas resolutivo ante las dificultades

Que tengas una actitud activa

¿Qué consejo le darías a los chavales de 2º de Bachillerato?

Les diría que, a la hora de elegir una profesión, se decidan por aquello que realmente les entusiasme y no por lo que ellos piensen que les va a hacer ganar más dinero o aquello que tiene más salidas. Elegir una profesión por los motivos equivocados puede llegar a hacerte muy infeliz, pues hay un momento en el que no tiene marcha atrás.