Entrevista a Antonio Bosch Conde

By 26 febrero, 2014Antiguos alumnos

Os presentamos a Antonio Bosch, de la generación del 72. Antonio pasó su etapa infantil y parte de primaria en el Liceo Sorolla, pero su sentimiento de pertenencia sigue intacto. Actualmente trabaja como escritor y ha publicado un libro recientemente, Un Tango Quebrado. ¡Os lo recomendamos!

¿Qué hiciste cuando te graduaste del colegio?

Por cuestiones laborales paternas, mi paso por el Liceo Sorolla se ubica en un momento concreto de mi proceso educacional que no coincide con mi graduación. Nací en 1972 y estuve en el Liceo Sorolla desde que entré en preescolar hasta 4º de EGB. En ese momento trasladan a mi padre a otra ciudad, por lo que aquí se acaba mi carrera escolar en el Liceo Sorolla, aunque hubo tiempo suficiente para adquirir muchas vivencias, de esas que se guardan para siempre.

¿Qué profesor recuerdas con más cariño? ¿Por qué?

Lógicamente, por lo comentado, todos de los primeros cursos de EGB, como María, Mariví o Manoli. También estaban Doña Julita como Jefa de estudios y Don Marcelino en Gimnasia, una pareja clásica. Más de lejos, Don Olegario, Doña Paquita y Don Francisco, pero en ese caso por ser maestros de mis hermanas mayores. En general, todos muy buena gente. No sabría decir por qué, simplemente tengo buenos recuerdos, como si de una familia se tratase. Los había que eran más duros y los que eran más cariñosos, pero por encima de todo, educadores. Desde luego, aunque la memoria va a modo de flashes sueltos, lo que guardo en el trastero de mi niñez son recuerdos muy emotivos.

No sé por qué recuerdo un día que me sacaron a la pizarra para hacerme una pregunta de Ciencias Naturales. La maestra, al ver que no contestaba, preguntó si había alguna Silvia en la clase. No era más que su manera de darme la pista para no volver al pupitre sonrojado y poder dar la respuesta: La Silvicultura. Como digo, por lo general, buenas personas.

¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado en tu vida y cómo lo superaste?

A lo largo de la vida de una persona, tenemos infinidad de retos, en diferentes parcelas, ya sea de índole personal o profesional. No sé si será el mayor reto, pero el que con más ilusión he abordado ha sido el de la escritura. La manera de superarlo la resumiría en una sola palabra: Ilusión. Pasando por todas las fases, primero la de escribir cosas para uno mismo, luego plantearse escribir una historia más larga, posteriormente documentarse para poder llevar a cabo el proyecto, que, después de un tiempo y muchos buenos ratos estudiando, recopilando, imaginando y creando, se termina convirtiendo en un borrador. De ahí hasta la publicación definitiva hay otro arduo trabajo, lleno de momentos de mucha motivación, mezclados con otros de desesperación, pero el trabajo bien hecho acaba teniendo su premio. Luego viene la promoción, las presentaciones, los pasos por los diferentes medios de comunicación, conocer a gente singular, y seguir escribiendo para que el ciclo se vaya repitiendo y mejorando. Una vez adquirido un estilo propio, las siguientes novelas, vienen con la ventaja del aprendizaje de lo vivido, igual que en la propia manera de escribir, porque uno siempre está evolucionando. Pero haber descubierto cómo funciona el mundo editorial, sirve para mejorar cómo hacer las cosas y para descubrir otras nuevas, y provocar nuevos retos. De ahí nacen otras obras de diferentes estilos. Y mañana, otro reto motivador: volver a abrir una página en blanco para llenarla de historias, de amores y desamores, de sentimientos, de tramas entretenidas, en resumen: de vida, mucha vida entre líneas, sin importar si es novela, teatro o poesía.

Dinos algo que aprendiste en el Liceo Sorolla y que te acompañó desde entonces

Hay cosas que nos acompañan a todos y que aprendemos en el colegio. Son aspectos que muchas veces no valoramos, pero en cambio vinculan nuestra vida. Normalmente nos relacionamos con gente de un nivel socio-cultural muy similar al nuestro, con lo que es extraño rodearnos de ciertos perfiles de gentes, menos afines, pero cuando la vida te pone delante a una persona que no ha tenido las mismas oportunidades y herramientas, te das cuenta de lo importante que es la educación y la cultura. Conocer, en un momento dado de mi vida, a gente analfabeta me ha dado pie para valorar con mayor intensidad aprendizajes básicos que normalmente no valoramos por creerlos banales, pero que son tan necesarios como referentes en nuestra vida. Por todo esto, yo me quedo con el sencillo pero complicado aprendizaje de la lectura y la escritura. Cuando hago presentaciones de mis novelas en Madrid (también en otras ciudades, pero lo destaco más en Madrid), siempre digo con orgullo que, yo que soy alicantino de nacimiento y valenciano de raíces, aprendí a hablar, a leer y a escribir en Madrid. Evidentemente hago hincapié en la parcela de la escritura. Aprendí a escribir en Madrid y eso ocurrió en el Liceo Sorolla C de Pozuelo.

Los otros aprendizajes que me llevo del Sorolla, más que de conocimientos, son de comportamiento.

¿Cuál es tu mejor recuerdo del Liceo Sorolla?

Es curioso, pero recuerdo con mucho cariño un patio cubierto y cómo nos divertíamos jugando a “Churro va”, entre columnas rojas. Las personas son lo mejor que uno guarda en su corazón y aquellos juegos, por muy brutos que pudieran ser, necesitaba un denominador común: un grupo de gente, un grupo de compañeros, un grupo de amigos.

¿Qué profesión desempeñas actualmente?

Profesionalmente soy director de una oficina bancaria. Vocacionalmente soy escritor.

Cuéntanos un poco sobre tu trayectoria profesional

Bancariamente he pasado por todos los puestos intermedios (administrativo, negocio internacional, secretaría de operaciones, Gestor comercial y Gerente de Pymes) hasta que en 2008 me nombran director de oficina.

Como escritor tengo dos novelas publicadas (“Sístole y Diástole” y “Bailando un tango quebrado”), una novela corta (“En blanco y negro”), tres obras de microteatro (“Carolina, presente, pasado y futuro”, “El ladrón de nombres” y “Adán y Ella”), una letra de canción (“Tango quebrado”) y varios proyectos en marcha de novela, teatro, guión de cortometraje, y prosa poética.

¿Cuáles crees que son los retos de la educación para los próximos años?

Si nos referimos al sistema educativo, creo que el reto debería ser la búsqueda de fórmulas de enseñanza que no solo obtenga mejores resultados académicos, sino que también inviten al crecimiento personal y humano. Seguramente métodos más intuitivos, donde el alumno perciba la necesidad de aprender por gusto y no por imposición. Sé que, en este sentido, el Liceo Sorolla, actualmente, es un colegio innovador, que se preocupa por una enseñanza basada en la Neurociencia y el Aprendizaje Cooperativo.

Si nos referimos al alumno y sus retos de educación, la máxima sería buscar una necesidad personal (vocacional) y resolverla, porque solo cuando existe voluntad de aprendizaje, crecimiento y mejora, es cuando el éxito está garantizado. Si quieres algo, lucha por ello. Si quieres ser alguien en la vida, fórmate lo mejor posible.

¿Cuáles son las tres habilidades que más demandan las empresas hoy en día?

Lo que yo he visto y vivido: formación, profesionalidad, y rápida adaptación al cambio (flexibilidad).

¿Qué consejo le darías a los chavales de 2º de Bachillerato?

Nunca dejéis de soñar.

A cualquier persona, con independencia de su edad y educación, le diría que lo más importante que debe tener uno siempre en mente es: luchar por sus sueños. Lo primero y más importante es tener sueños. Hay que ser ambicioso en ese sentido; cuantos más sueños mejor, porque es algo que va de dentro hacia afuera de nosotros mismos y es aquello que, dado el caso, con más ilusión abordaremos. Una vez soñado, hay que pelear por ello y, para eso, la educación es primordial.

Cuanto mejor preparados estemos, más oportunidades tendremos de alcanzar aquello que deseamos. Mi consejo, pues, para los chavales de 2º de Bachillerato, será que recuerden siempre quiénes son, qué quieren y dónde están. No es una cuestión de lugar, sino temporal. Están en un momento de mucha intensidad, de crecimiento personal, y deben estar lo suficientemente despiertos como para poder darse cuenta de que en su mano está conseguir esos sueños. Es curioso y paradójico, pero es así: estar bien despierto para conseguir nuestros sueños. La herramienta la tienen y deben aprovecharla. Aquí y ahora es el momento, es SU momento, por lo que deben disfrutarlo y sacarle el mejor partido y provecho para el futuro. Si se pretende ser un/a gran médico, abogado, físico, empresario, o lo que se elija, la formación académica, la educación, el saber estar y la cultura general son sus mejores aliados, y eso se empieza a conseguir en el colegio y en la universidad. Dicen que la vida es la mejor escuela, y es cierto, pero a la vida hay que orientarla, hay que concienciarla, hay que educarla y, para eso, colegios como Liceo Sorolla son vinculantes para TODA nuestra vida.

También les aconsejaría que mimaran su idioma y se formaran en lenguas extranjeras, palanca necesaria hoy en día para el éxito profesional.

Como reflexión final, en lo particular, me da mucha lástima, ahora que existe bastante comunicación escrita (correos electrónicos, Whatsapp, etc.), descubrir la cantidad de faltas de ortografía que cometen personas bien adultas e, incluso, con altos cargos. Por lo que he visto y vivido, seguramente eso no les impide seguir creciendo profesionalmente, pero desde luego, yo los miro de otra manera. Ya que es tan rica, cuidemos nuestra lengua y sus maneras de utilizarla.