Entrevista a Ainara del Olmo

By 23 septiembre, 2014Antiguos alumnos

Os presentamos a Ainara del Olmo, de la generación del 83 . Un ejemplo de superación constante, entrega y pasión. Abogada y Politóloga de profesión se dejo llevar por su verdadera vocación y comenzó a escribir. Lleva ya 4 novelas publicadas: Una de esas historias que ya no se cuentan, Otra historias de esas que ya no se cuentan, Memorias de una lagartija tumbada al sol: El Afortunado y la más reciente, Memorias de una lagartija tumbada al sol: Paciencia, publicada hace sólo un mes. Los que la conocen cuenta que siempre está sonriendo y que tiene un gran sentido del humor.

1. ¿Qué hiciste cuando te graduaste del colegio?

Aprovechar esas vacaciones para holgar y seguir estudiando. Derecho y Ciencias Políticas me parecieron una carrera interesante y además, como tenía en mente la idea de hacer algo en la rama internacional, la doble titulación me vino de perlas.

2. ¿Qué profesor recuerdas con más cariño? ¿Por qué?

Hay demasiados. El señor Carande, el señor Molina, don Pablo, don César, la señorita Esther… Todos ellos míticos. No hay recuerdo escolar en los que no aparezcan, bien por su forma de ser y enseñar, por sus muletillas, por su entusiasmo y sus frases célebres que han traspasado la frontera de mi generación. Y aún hoy se recuerdan y han pasado de mayores a menores.

3. ¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado en tu vida y cómo lo superaste?

Superar la timidez y el qué dirán, mejor dicho, la valoración y crítica de una obra que yo había realizado, cuando me presenté a mi primer concurso internacional de pintura. Tenía trece años y lo superé pensando en que el “no” ya lo tenía de entrada, así que, perder, iba a perder poco. Después de aquello me dije que la primera que debe estar convencida para hacer cualquier cosa soy yo, y que eso se refleja en todo lo demás. Asumiendo que a algunos les gustará más y a otros menos, sobre gustos no hay nada decidido, escribo novelas, sigo pintando, e incluso alguien me compra algún cuadro de vez en cuando, ahora estoy aprendiendo a tocar el violonchelo, estoy componiendo un concierto y enseño a montar a caballo a quien se atreve.

4. Dinos algo que aprendiste en el Liceo Sorolla y que te acompañó desde entonces.

A no perder la ilusión por aprender cosas nuevas. Yo quise y quiero desde entonces conocer todo lo que me es desconocido. Aprender constantemente, es la fuente de la vitalidad.

5. ¿Cuál es tu mejor recuerdo del Liceo Sorolla?

Hay tantos recuerdos… Los juegos del patio, las horas de deporte, los laboratorios de química, las ocurrencias de los compañeros de clase… En aquellos días no había filtro en nuestro cerebro y soltábamos lo primero que se nos venía a la cabeza. Aunque hay un recuerdo que en mi casa es algo recurrente. Mi madre vino a una tutoría cuando yo casi acababa de llegar al colegio, yo entré en séptimo de EGB, (yo fui de EGB, ¡qué tiempos!), y mi madre se reunió con don Severiano. La cosa no fue mal. Cuando estábamos en clase de Lengua, don Severiano me daba clase de Lengua por aquellos tiempos, llegó hasta mi mesa y me dijo muy serio, “Ainara, por favor, dile a tu madre que mi nombre tiene una preciosa A entre la I y la N. Me llamo Severiano, no Severino“. Mi madre quedó marcada para siempre.

6. ¿Qué profesión desempeñas actualmente?

Soy abogada y politóloga, aunque especializada en redacción de Tratados internaciones, protocolos, declaraciones internacionales, contratos internacionales y demás textos políticos, como discursos de toda índole.

7. Cuéntanos un poco sobre tu trayectoria profesional

Terminé la carrera, hice un máster en Relaciones Internacionales y Comercio Exterior, e hice las prácticas en la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, y a raíz de estar en la OIT vino todo lo demás.

8. ¿Cuáles crees que son los retos de la educación para los próximos años?

Incentivar a los pequeños a querer aprender del mundo que les rodea, incentivarles a ser mejores personas, a tener valores más humanos, a comprender que el tiempo que pierdan no regresará nunca, que las cosas tienen un precio y que la satisfacción personal de un logro no tiene precio. Creo que la incultura te hace débil y fácilmente intolerante, en nuestra sociedad. A más conocimiento más difícil lo tienen los demás para engañarte. No se trata ya de prepararse para encontrar empleo, se trata de entender la educación en matemáticas o ciencias, como una forma de comportamiento, de educación moral. Actualmente, parece como si no tuviesen ganas por aprender, y el aprendizaje es algo imprescindible. No debería tampoco dejarse de lado el clásico de los libros y el cuaderno. Las nuevas tecnologías están ahí, pero deberían limitarse, a mi modo de ver, dispersan, más que centran.

9. ¿Cuáles son las tres habilidades que más demandan las empresas hoy en día?

Las relaciones interpersonales, el buen humor y saber sacarse las castañas del fuego. El buen ambiente es fundamental para el buen funcionamiento de una empresa, y que todos sus integrantes estén contentos, da buenas vibraciones al exterior. Tener la habilidad de poder resolver problemas sin tener que dar la “brasa” a nadie, es algo también fundamental, se supone que somos ya mayores para apagar fuegos, empresarialmente hablando. Lo demás, en cuanto a oficio, se puede aprender, si se tienen las ganas, por supuesto.

10. ¿Qué consejo le darías a los chavales de 2º de Bachillerato?

Que estudiasen lo que les gusta, pero eso me imagino que ya se lo dirán en sus casas. Les diría, además, que fuesen felices y que si una puerta se cierra, habrá una ventana que se abra, e incluso siempre nos queda la gatera. Yo por mi experiencia, me lancé a lo internacional y siempre pensé que si no salía por las buenas, me saldría por las menos buenas. No dejéis de intentarlo, el mundo es de los pesados. A lo mejor el plan A no sale, pero el plan Z, sí. No desesperéis y estad siempre dispuestos a escuchar a los demás, siempre puede caer un buen consejo. Tampoco dejéis de aprender. Descubrir y redescubrir nos hace ver la vida de otro modo, valorarla de otra forma. Cada cosa tiene su tiempo y espacio, y bien sabréis cuando llegará. Y no olvidéis que de vez en cuando, es bueno ponerse en los zapatos de otros y valorar lo que se tiene, a veces, no es necesario tenerlo todo para ser feliz, con un libro sobre la mesa, un refresco en la mano, una terraza y unos amigos, la felicidad puede ser perfecta. Pero sin olvidarse de estudiar, que os conozco.